Hoy la energía define precios, guerra, paz, soberanía, calidad de vida y democracia. La tensión reciente en Ormuz, uno de los corredores más sensibles para el suministro energético global, volvió a recordar que lo que pasa en un punto del mapa repercute en todo el mundo.

Por eso fue tan relevante que, en plena campaña presidencial, se abriera un espacio para discutir sobre la energía. El 8 de abril, Foro Nacional por Colombia hizo parte de la organización del foro presidencial "El futuro de la energía y de las regiones en Colombia", junto con El Espectador, Transforma, Friedrich Ebert Stiftung, Natural Resource Governance Institute, CREER y Movilizatorio, cuyo propósito fue debatir con los candidatos sobre el futuro energético del país.

🎙️ Participantes del debate

En el encuentro participaron Roy Barreras, Carlos Caicedo, Mauricio Lizcano y Luis Gilberto Murillo. El debate dejó ver distintos énfasis entre las candidaturas: algunas posturas se inclinaron por una transición más participativa con reconversión productiva; otras insistieron en una transición condicionada por la sostenibilidad fiscal y la confianza para la inversión.

Problemas de fondo que Colombia debe seguir discutiendo
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    La dependencia macroeconómica de los combustibles fósiles. La explotación minero-energética produce ingresos fiscales importantes para financiar bienes públicos, pero al mismo tiempo genera afectaciones ambientales, conflictividad social y desigualdades territoriales que no pueden seguir tratándose como daños colaterales inevitables.
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    Los retos reales de las energías alternativas. La transición energética no consiste solamente en cambiar una fuente por otra. Exige resolver la igualdad en el acceso, la participación estatal y ciudadana en la producción, y el protagonismo de las autoridades regionales en la gestión del sector.
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    La reconversión laboral y territorial. No basta con hablar de transición energética si no se incorpora a través de un diálogo amplio con todos los actores territoriales: autoridades, ciudadanía, políticos y empresas locales. La justicia en la transición tiene que ver con la empleabilidad y la participación deliberativa e incidente de los protagonistas de la vida local.
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    Los minerales de interés estratégico. Colombia necesita avanzar en formación, investigación, capacidades técnicas y agregación de valor para evitar que la creciente demanda mundial de minerales como el cobre termine reducida a nuevas formas de extractivismo sin transformación productiva ni beneficios sostenibles para las regiones.
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    El uso y distribución de las regalías. Asociado al principio de la autonomía territorial y el proceso de descentralización. La recentralización del país ha impedido que las rentas del sector extractivo contribuyan a contrarrestar los costos sociales y ambientales de la industria extractiva.
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    El ordenamiento del territorio. En un país con rezagos en esta materia, sigue siendo urgente definir —con criterios ambientales, sociales y democráticos— dónde pueden desarrollarse proyectos energéticos o extractivos y dónde no.
"Para Foro Nacional por Colombia fue especialmente importante el bloque de participación y democracia energética. El futuro energético de Colombia es, también, una discusión sobre la democracia que queremos y sobre el cumplimiento de las disposiciones de acceso a la información del sector extractivo."
Democracia energética: la pregunta central

La producción de energía no ocurre en abstracto. Ocurre en territorios concretos, donde habitan comunidades que conviven con los impactos sociales, ambientales, económicos y culturales de los proyectos. Por eso, discutir energía es discutir al mismo tiempo quién decide, con qué información se decide, qué tan incidente es la voz de las comunidades, cómo se distribuyen los beneficios, cómo se previenen y reparan los daños.

En ese sentido, la democracia energética no es un concepto accesorio: es la pregunta por la calidad democrática de las decisiones que el país toma sobre su presente y su futuro.

🗳️ Campaña: No bote el voto

Este debate se conecta con la campaña No bote el voto, que busca recordar que votar es una decisión sobre la garantía de los derechos, las condiciones ambientales y el rumbo colectivo del país. La transición energética necesita más conversación pública, más deliberación informada y más participación territorial.

Por eso consideramos que este tema debe ocupar un lugar central en la campaña presidencial para saber si la transición energética se hará con participación real o con decisiones cerradas; si corregirá desigualdades territoriales o las profundizará; si protegerá a las comunidades y a los liderazgos ambientales o seguirá trasladando los costos a quienes menos poder tienen.